Monte Carmelo,
Noviembre de 2016
Identidad
Montecarmelitana
El
concepto de identidad encierra un sentido de pertenencia a un grupo social con
el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias.
La identidad no es un concepto fijo, sino que se recrea individual, personal y
colectivamente y se alimenta de forma continua de la influencia exterior.
Agregando a lo anterior, Rengifo (2006, p.209) expresa que la identidad “… son
aquellos aspectos trascendentales que definen los patrones culturales de cada
sociedad y las diferencian respecto a sus pares, expresándose a través de
sentimientos de pertenencia al grupo familiar donde nacimos y nos hemos educado
y al ámbito local, regional y nacional donde éste se ha desenvuelto…”. al carácter objetivo del término de identidad,
se expone por Sanoja y Vargas (2013) donde nos hace referencia que:
La identidad opera en
niveles de contenidos diversos, desde el nivel individual y familiar hasta el
de la banca para el caso de las formaciones cazadores recolectoras,
realizándose sobre contenidos económicos, religiosos, medioambientales y
otros (p.104)
Por
otra parte, las dimensiones que puede presentar la identidad conforman los
rasgos de herencia cultural, que se concretan en las expresiones formales de
los individuos dentro de una sociedad, en otras palabras, la identidad estará
marcada por el reconocimiento de las formas de identificación que cohesiones a
los individuos y que hagan posible metas comunes. Agregando a lo anterior,
Sanoja y Vargas (2013) expresan:
La
vida social del hombre requiere de procesos de identificación, ellos se
objetivan dentro de las comunidades por pequeñas que éstas sean, reflejan
comunidad de intereses, relaciones que determinan de uno u otro modo lo que
constituye su personalidad común, compartida. Y esa personalidad es elemento
diferenciador y al mismo tiempo unificador; resume perspectivas vitales de todo
grupo humano y establece las diferencias con grupos similarmente constituidos
(p.103)
Dentro
del ámbito de las reflexiones en torno a la identidad cabe mencionar, su
evolución en el tiempo; haciendo conexión con diversos conceptos, palabras y normas que sirve para
mirar los numerosos ejemplos de casos que en todo el mundo se multiplican en
busca de darle un valor especial al conjunto de un territorio a partir de
productos, prácticas, tradiciones y recursos que le son propios.
Al respecto, Bracho en Rengifo y Rojo (2003,
p.221) señala “… la visión tradicional de la identidad ha traído consigo los intentos de poder
medirla, cuantificarla y calificarla…”, no se trata entonces, de configurar por
patrones rígidos los niveles de identidad de una sociedad en un territorio
cualquiera, ni mucho menos medir y/o comparar concepto de lo
ideológico-cultural de un grupo de personas con respecto a otro. Más adelante apunta “… lo que se debe
discutir es su papel cómo un modo de vida de cohesión social en donde se puedan
fundir diversas formas de ver y obrar de los distintos grupos…”.
Hemos
hecho alusión, en líneas anteriores, a la condición del sujeto histórico como
agente individual y social activo, dentro de la conciencia diferenciadora con
respecto a los grupos humanos. Pero no se trata sólo de reconocerse, sino que también de
identificarse con el devenir histórico donde éste (el ser humano) ha
transitado. Por ello, Sanoja y Vargas
(2013) se refieren a “… cada marco histórico de acciones e identidades que
incorpora progresivamente y dialécticamente nuevos elementos, que se van
construyendo sobre otros anteriores…” (p.102).
De
esta manera, la identidad implica, por lo tanto, que las personas o grupos de
personas se reconocen históricamente en su propio entorno físico-natural y
social y es ese constante reconocimiento el que le da carácter activo a la
identidad cultural. No obstante, se hace necesario realizar la siguiente
interrogante ¿cómo identificar nuestra identidad regional y nacional?, para
ello, resulta pertinente señalar a Bracho en Rengifo y Rojo (2003) cuando nos
dice:
La identidad nacional
se caracteriza por: 1- un territorio
histórico compartido o patria; 2- recuerdos históricos y mitos
colectivos; 3- una cultura pública y común para todos; 4- deberes y derechos legales
iguales para todos los miembros; 5- una economía unificada que permite la
movilidad territorial de los miembros de la comunidad nacional; 6-una propuesta
de grupos letrados y profesionales representada en un proyecto nacional
(p.214).
Es
entonces, que la cognición social de la identidad nacional no existe sin la memoria, sin la capacidad de
reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes que le son propios y
que ayudan a construir el futuro. Por ende,
la conciencia de identidad formará parte de nuestro sentido de
identidad, permitiendo ver los acontecimientos como expresiones de la
continuidad de la venezolanidad, tal como lo refiere Briceño Iragorry (2004) en
Mensajes sin Destino:
Pretender fabricarnos
una historia a la medida de nuestras preferencias actuales, desdeñando, al
efecto, los hechos y los personajes que contradicen nuestra inclinación
ideológicas, es tanto como ir contra el
propio sentido de la nacionalidad (…) por eso, sin conciencia histórica no hay,
como dije antes, sensibilidad para distinguir lo que atente contra los
intereses colectivos (p.21.)
De
esta manera, la identidad deben tener como fundamentos las diversas
convivencias en un territorio específico, “…sabiendo que son muchos los nuevos
factores que están condicionando la identidad cultural del venezolano
contemporáneo, pero lo importante es cobrar conciencia de que estamos
protagonizando un nuevo tiempo de la vida nacional al cual debemos manejar con
nuevas respuestas…” Alfaro (2006,
p.144), además permitiendo el rescate de los valores de identidad para el fin
de metas individuales y comunes.
Ahora
bien, en pleno siglo XXI, y después de más de 500 años de fraguado español en
nuestra tierras, de nombre latín, nos encontramos buscando un concepto clave
para definirnos, buscando identidades,
que ya en nuestro color de piel están bien marcadas, ir entonces a ese
encuentro es ir a la marcha de la incansable búsqueda del conocimiento, que si
bien es cierto mientras más conocemos, más queremos saber. Sin embargo, nos
dejamos atraer con macro identidades, que el menoscabo de las acciones de
consideran banalidades.
La
identidad como lo dije anteriormente, no es un concepto fijo, sino que se
recrea, personal, individual y colectivamente y se alimenta de forma continua. Referirse
entonces a Monte Carmelo es reconocer parte de la identidad de Trujillo, como
entidad, como región histórica por lo cual, identificarse por aquel lugar que
le brindar en cierto modo sus estabilidades sociales. De modo que, la identidad partirá del reconocimiento del otro.
Por
un lado, ejemplos a saber: 1. el personaje que desconoce la fecha de creación
de monte Carmelo como municipio autónomo, pero que cultiva apio y lo baja al pueblo, no se
pierde ni un domingo las misas, ni las festividades patronales de la virgen del
Carmen, por otro, el 2- aquel que conoce
la vivencias de los pobladores con mayor edad del pueblo, pero ensucia la plaza
Bolívar los domingo cuando se sienta a comer chimo, ¿cuál de los dos entonces
cree usted que tiene más valor de identidad montecarmelita?, de modo que la
identidad no será medida como lo dice Bracho, no vamos a cuantificar el grado
de identidad, lo que se quiere es aprovechar las características
diferenciadores para asumir una postura de identificación, el reconocimiento
del otro.
Por
otro lado, vamos a escuchar comentarios
de los habitantes de los municipios vecinos, “… ¡en monte Carmelo lo que hay es
café!…” claro que si, como obviar ese comentario, nuestras raíces históricas
muy bien lo señalan, no estaremos pecando al identificarse como la entidad que
ha hecho consolidar al estado como un región cafetalera, sin embargo, la identidad del montecarmelitano debe
subrayarse más allá de ello, la identidad aborda más allá que solo procesos
económicos meramente dichos, el valor cultural que hoy ostenta la población
debe recalcarse.
La
negación por lo nuestro, pero que muchos asumen que al pensar que estamos
distantes a ello; no forman parte de nuestra identidad, tales como la presencia
religiosa española en nuestro municipio, en su capital, frente a la plaza mayor, (ahora
con su estilo artístico gótico) la iglesia Nuestra Señora del Carmen, la más grande
edificación con carácter religioso, nos simboliza; la cuadricula española “…como
he escuchado decir…” ¡haciendo énfasis que la alcaldía la mudaron un poco lejos!...
asimismo, la presencia representativa de
la mujer, de reinas, madrinas, novias…aunada a ello, el culto mariano, en la
parroquia Buena Vista con Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la Virgen del
Carmen en la parroquia Monte Carmelo y Santa Rosa de Lima en la parroquia Santa
María del Horcón. La identidad religiosa se ha hecho presente desde que el
padre Rosario Rosario celebró la misa con el vino que aquel campesino le trajo
desde Gibraltar. también, desde que todos deseaban tocar la “piedrita” que
tenía la señora Micaela Vieras en su casa, en el alto
de un sector llamado las Raíces
de Monte Carmelo, con la imagen similar para aquella época a la V estación del
vía-crisis, donde luego se levantó una capilla en el año de 1953, donde cada agosto vamos a depositar nuestra devoción
como montecarmelitanos y como devotos al Nazareno de las Raíces,
responsabilizándose hoy en día el maestro Pedro Ocanto.
Aunado
a ello, los hombres y mujeres dejadores de huellas, también son parte de la
nuestra identidad, y que muchas veces sus nombres se ven exhibidos, en actos
protocolares, en homenajes o actos fúnebres. O personajes que han participado
en eventualidad o han sido forjadores activos en nuestro municipio. Muchas de
nuestras instituciones educativas llevar por nombres a estos personajes, por
ejemplo dos liceos; Uno, con nombre del religioso del siglo XVIII y prócer de
la independencia Francisco Antonio Rosario Rosario, ubicado en el sector El
Albarico, y otro, del músico italiano Anselmi Berti, en Monte Carmelo,
identidad es no olvidar eso, es rememorar que los procesos de asentamiento en nuestro municipio, en
palabras de un historiador trujillano Antonio Vale son “… la licuadora
cultural…”. Aunado a ello, vale resaltar la creación necesaria del museo
arqueológico, ubicado en la casa cultural del municipio y promocionado por los
personajes, José Gregorio Jerez, Freddy Araujo, Gerardo Moreno y Lourdes
Angarita.
Es
así, que las mujeres y los hombres son forjadores de identidades comunes, de
las que hay que compartir. De manera similar resaltar lo dicho, en palabras de
Medina Rubio (1985, p.166) “…los hombres establecen vínculos con los espacios
donde desarrollan sus actividades, y esos vínculos son los que van a conformar
las identidades de los hombres…” es
este orden de ideas, y ya que los hombres son los que conforman dichas
identidades; me resulta de gran relevancia y simpatía señalar que, mi profesor de bachillerato, ahora mi
compañero de trabajo, es nada menos que la figura que simboliza el cronista
municipal, Frank Hernandez, representando la institución de la asociación de
cronista trujillanos, con ellos debemos
exponer además el sentimiento de pertenencia que le brindamos a nuestros
habitantes, a lo que hoy van al exterior, dejando el nombre de monte Carmelo,
nuestros músicos, poetas, cultores, pintores, poetas de la talla de Manuel
Pineda, el cual es homenajeado. Sobre todo, es valor de identidad que se nos
erice la piel escuchar a nuestra orquesta municipal interpretar tonadas, es
enorgullecerse saber, que se debe actualizar los dossier de lo que era corpo-andes
en 2006 y aún ver que monte Carmelo no contaba con símbolos representativos, ni
himno municipal, y ya conmemoramos el 2 aniversario. Ciertamente, Monte Carmelo
ha ido fraguando signo y símbolos identitarios, que deben vincularse más con el sentir de sus pobladores. Monte Carmelo es
ahora, parte de la llama encendida del farol de la patria, es un municipio
pujante.
REFERENCIAS:
Rengifo,
D. (2006) Historia, educadores e identidad nacional. AGORA revista del centro
de investigación humanística, económica y social CRIHES, 9 (18), 209-217.
Sanoja,
M. Vargas, I. (2013) historia, identidad y poder. Caracas: GALAS
Briceño,
M. (2004) mensaje sin destino. (1ª Ed.) Caracas, Monte Ávila editores
latinoamericanos.
Medina,
A. (1983) Teoría, fuente y método en historia regional. (N°2.). Cuadernos de
historia de la facultad de humanidades. Universidad Central de Venezuela.
Alfaro,
L. (2006) pedagogía de la identidad cultural. (Reimpresión). Venezuela FEDUPEL.
Rengifo,
D y Rojo, Z. (2003) Valera crisol cultural de andes. III simposio de historia
trujillana. (Compilación)
CRIHES. Venezuela.
