viernes, 25 de noviembre de 2016

Identidad Montecarmelitana

Monte Carmelo,
Noviembre de 2016

Identidad Montecarmelitana
El concepto de identidad encierra un sentido de pertenencia a un grupo social con el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias. La identidad no es un concepto fijo, sino que se recrea individual, personal y colectivamente y se alimenta de forma continua de la influencia exterior. Agregando a lo anterior, Rengifo (2006, p.209) expresa que la identidad “… son aquellos aspectos trascendentales que definen los patrones culturales de cada sociedad y las diferencian respecto a sus pares, expresándose a través de sentimientos de pertenencia al grupo familiar donde nacimos y nos hemos educado y al ámbito local, regional y nacional donde éste se ha desenvuelto…”.  al carácter objetivo del término de identidad, se expone por Sanoja y Vargas (2013) donde nos hace referencia que:
La identidad opera en niveles de contenidos diversos, desde el nivel individual y familiar hasta el de la banca para el caso de las formaciones cazadores recolectoras, realizándose sobre contenidos económicos, religiosos, medioambientales y otros  (p.104)
Por otra parte, las dimensiones que puede presentar la identidad conforman los rasgos de herencia cultural, que se concretan en las expresiones formales de los individuos dentro de una sociedad, en otras palabras, la identidad estará marcada por el reconocimiento de las formas de identificación que cohesiones a los individuos y que hagan posible metas comunes. Agregando a lo anterior, Sanoja y Vargas (2013) expresan:
La vida social del hombre requiere de procesos de identificación, ellos se objetivan dentro de las comunidades por pequeñas que éstas sean, reflejan comunidad de intereses, relaciones que determinan de uno u otro modo lo que constituye su personalidad común, compartida. Y esa personalidad es elemento diferenciador y al mismo tiempo unificador; resume perspectivas vitales de todo grupo humano y establece las diferencias con grupos similarmente constituidos (p.103)

Dentro del ámbito de las reflexiones en torno a la identidad cabe mencionar, su evolución en el tiempo; haciendo conexión con diversos  conceptos, palabras y normas que sirve para mirar los numerosos ejemplos de casos que en todo el mundo se multiplican en busca de darle un valor especial al conjunto de un territorio a partir de productos, prácticas, tradiciones y recursos que le son propios.
 Al respecto, Bracho en Rengifo y Rojo (2003, p.221) señala “… la visión tradicional de la identidad  ha traído consigo los intentos de poder medirla, cuantificarla y calificarla…”, no se trata entonces, de configurar por patrones rígidos los niveles de identidad de una sociedad en un territorio cualquiera, ni mucho menos medir y/o comparar concepto de lo ideológico-cultural de un grupo de personas con respecto a otro.  Más adelante apunta “… lo que se debe discutir es su papel cómo un modo de vida de cohesión social en donde se puedan fundir diversas formas de ver y obrar de los distintos grupos…”.
Hemos hecho alusión, en líneas anteriores, a la condición del sujeto histórico como agente individual y social activo, dentro de la conciencia diferenciadora con respecto a los grupos humanos. Pero no se trata  sólo de reconocerse, sino que también de identificarse con el devenir histórico donde éste (el ser humano) ha transitado. Por ello,  Sanoja y Vargas (2013) se refieren a “… cada marco histórico de acciones e identidades que incorpora progresivamente y dialécticamente nuevos elementos, que se van construyendo sobre otros anteriores…” (p.102).
De esta manera, la identidad implica, por lo tanto, que las personas o grupos de personas se reconocen históricamente en su propio entorno físico-natural y social y es ese constante reconocimiento el que le da carácter activo a la identidad cultural. No obstante, se hace necesario realizar la siguiente interrogante ¿cómo identificar nuestra identidad regional y nacional?, para ello, resulta pertinente señalar a Bracho en Rengifo y Rojo (2003) cuando nos dice:
La identidad nacional se caracteriza por: 1- un territorio  histórico compartido o patria; 2- recuerdos históricos y mitos colectivos; 3- una cultura pública y común para todos; 4- deberes y derechos legales iguales para todos los miembros; 5- una economía unificada que permite la movilidad territorial de los miembros de la comunidad nacional; 6-una propuesta de grupos letrados y profesionales representada en un proyecto nacional (p.214).

Es entonces, que la cognición social de la identidad nacional  no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes que le son propios y que ayudan a construir el futuro. Por ende,  la conciencia de identidad formará parte de nuestro sentido de identidad, permitiendo ver los acontecimientos como expresiones de la continuidad de la venezolanidad, tal como lo refiere Briceño Iragorry (2004) en Mensajes sin Destino:
Pretender fabricarnos una historia a la medida de nuestras preferencias actuales, desdeñando, al efecto, los hechos y los personajes que contradicen nuestra inclinación ideológicas, es tanto  como ir contra el propio sentido de la nacionalidad (…) por eso, sin conciencia histórica no hay, como dije antes, sensibilidad para distinguir lo que atente contra los intereses colectivos (p.21.)
De esta manera, la identidad deben tener como fundamentos las diversas convivencias en un territorio específico, “…sabiendo que son muchos los nuevos factores que están condicionando la identidad cultural del venezolano contemporáneo, pero lo importante es cobrar conciencia de que estamos protagonizando un nuevo tiempo de la vida nacional al cual debemos manejar con nuevas respuestas…”  Alfaro (2006, p.144), además permitiendo el rescate de los valores de identidad para el fin de metas  individuales y comunes. 
Ahora bien, en pleno siglo XXI, y después de más de 500 años de fraguado español en nuestra tierras, de nombre latín, nos encontramos buscando un concepto clave para definirnos,  buscando identidades, que ya en nuestro color de piel están bien marcadas, ir entonces a ese encuentro es ir a la marcha de la incansable búsqueda del conocimiento, que si bien es cierto mientras más conocemos, más queremos saber. Sin embargo, nos dejamos atraer con macro identidades, que el menoscabo de las acciones de consideran banalidades.
La identidad como lo dije anteriormente, no es un concepto fijo, sino que se recrea, personal, individual y colectivamente y se alimenta de forma continua. Referirse entonces a Monte Carmelo es reconocer parte de la identidad de Trujillo, como entidad, como región histórica por lo cual, identificarse por aquel lugar que le brindar en cierto modo sus estabilidades sociales. De modo que, la identidad partirá del reconocimiento del otro.
Por un lado, ejemplos a saber: 1. el personaje que desconoce la fecha de creación de monte Carmelo como municipio autónomo, pero  que cultiva apio y lo baja al pueblo, no se pierde ni un domingo las misas, ni las festividades patronales de la virgen del Carmen, por otro,  el 2- aquel que conoce la vivencias de los pobladores con mayor edad del pueblo, pero ensucia la plaza Bolívar los domingo cuando se sienta a comer chimo, ¿cuál de los dos entonces cree usted que tiene más valor de identidad montecarmelita?, de modo que la identidad no será medida como lo dice Bracho, no vamos a cuantificar el grado de identidad, lo que se quiere es aprovechar las características diferenciadores para asumir una postura de identificación, el reconocimiento del otro.
Por otro lado, vamos a escuchar  comentarios de los habitantes de los municipios vecinos, “… ¡en monte Carmelo lo que hay es café!…” claro que si, como obviar ese comentario, nuestras raíces históricas muy bien lo señalan, no estaremos pecando al identificarse como la entidad que ha hecho consolidar al estado como un región cafetalera, sin embargo,  la identidad del montecarmelitano debe subrayarse más allá de ello, la identidad aborda más allá que solo procesos económicos meramente dichos, el valor cultural que hoy ostenta la población debe recalcarse.
            La negación por lo nuestro, pero que muchos asumen que al pensar que estamos distantes a ello; no forman parte de nuestra identidad, tales como la presencia religiosa española en nuestro municipio,  en su capital, frente a la plaza mayor, (ahora con su estilo artístico gótico) la iglesia Nuestra Señora del Carmen, la más grande edificación con carácter religioso, nos simboliza; la cuadricula española “…como he escuchado decir…” ¡haciendo énfasis que la alcaldía la mudaron un poco lejos!... asimismo,  la presencia representativa de la mujer, de reinas, madrinas, novias…aunada a ello, el culto mariano, en la parroquia Buena Vista con Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la Virgen del Carmen en la parroquia Monte Carmelo y Santa Rosa de Lima en la parroquia Santa María del Horcón. La identidad religiosa se ha hecho presente desde que el padre Rosario Rosario celebró la misa con el vino que aquel campesino le trajo desde Gibraltar. también, desde que todos deseaban tocar la “piedrita” que tenía la señora Micaela Vieras en su casa,  en el alto  de un sector llamado  las Raíces de Monte Carmelo, con la imagen similar para aquella época a la V estación del vía-crisis, donde luego se levantó una capilla en el año de 1953, donde  cada agosto vamos a depositar nuestra devoción como montecarmelitanos y como devotos al Nazareno de las Raíces, responsabilizándose hoy en día el maestro Pedro Ocanto.
Aunado a ello, los hombres y mujeres dejadores de huellas, también son parte de la nuestra identidad, y que muchas veces sus nombres se ven exhibidos, en actos protocolares, en homenajes o actos fúnebres. O personajes que han participado en eventualidad o han sido forjadores activos en nuestro municipio. Muchas de nuestras instituciones educativas llevar por nombres a estos personajes, por ejemplo dos liceos; Uno, con nombre del religioso del siglo XVIII y prócer de la independencia Francisco Antonio Rosario Rosario, ubicado en el sector El Albarico, y otro, del músico italiano Anselmi Berti, en Monte Carmelo, identidad es no olvidar eso, es rememorar que los procesos de  asentamiento en nuestro municipio, en palabras de un historiador trujillano Antonio Vale son “… la licuadora cultural…”. Aunado a ello, vale resaltar la creación necesaria del museo arqueológico, ubicado en la casa cultural del municipio y promocionado por los personajes, José Gregorio Jerez, Freddy Araujo, Gerardo Moreno y Lourdes Angarita.
Es así, que las mujeres y los hombres son forjadores de identidades comunes, de las que hay que compartir. De manera similar resaltar lo dicho, en palabras de Medina Rubio (1985, p.166) “…los hombres establecen vínculos con los espacios donde desarrollan sus actividades, y esos vínculos son los que van a conformar las identidades de los hombres…”   es este orden de ideas, y ya que los hombres son los que conforman dichas identidades; me resulta de gran relevancia y simpatía señalar que,  mi profesor de bachillerato, ahora mi compañero de trabajo, es nada menos que la figura que simboliza el cronista municipal, Frank Hernandez, representando la institución de la asociación de cronista trujillanos, con ellos debemos  exponer además el sentimiento de pertenencia que le brindamos a nuestros habitantes, a lo que hoy van al exterior, dejando el nombre de monte Carmelo, nuestros músicos, poetas, cultores, pintores, poetas de la talla de Manuel Pineda, el cual es homenajeado. Sobre todo, es valor de identidad que se nos erice la piel escuchar a nuestra orquesta municipal interpretar tonadas, es enorgullecerse saber, que se debe actualizar los dossier de lo que era corpo-andes en 2006 y aún ver que monte Carmelo no contaba con símbolos representativos, ni himno municipal, y ya conmemoramos el 2 aniversario. Ciertamente, Monte Carmelo ha ido fraguando signo y símbolos identitarios, que deben vincularse más con el sentir de sus pobladores. Monte Carmelo es ahora, parte de la llama encendida del farol de la patria, es un municipio pujante.
REFERENCIAS:
Rengifo, D. (2006) Historia, educadores e identidad nacional. AGORA revista del centro de investigación humanística, económica y social CRIHES, 9 (18), 209-217.
Sanoja, M. Vargas, I. (2013) historia, identidad y poder. Caracas: GALAS
Briceño, M. (2004) mensaje sin destino. (1ª Ed.) Caracas, Monte Ávila editores latinoamericanos.
Medina, A. (1983) Teoría, fuente y método en historia regional. (N°2.). Cuadernos de historia de la facultad de humanidades. Universidad Central de Venezuela.
Alfaro, L. (2006) pedagogía de la identidad cultural. (Reimpresión). Venezuela  FEDUPEL.

Rengifo, D y Rojo, Z. (2003) Valera crisol cultural de andes. III simposio de historia trujillana. (Compilación)  CRIHES. Venezuela.