jueves, 21 de julio de 2016

ACERCAMIENTO A LA CRÓNICA

¡YO RECUERDO ESA VAINA!


      ¡Yo recuerdo esa vaina! Eso me decía entre risas el abuelo Cerve, cada vez que me hacía mención de un acontecimiento de la época en la cual vivió.  Buena Vista es ahora el hogar de José Cervelión Rivas Santiago nacido en las altas montañas de Monte Carmelo, aunque no es mi abuelo biológico lo estimo como si lo fuera, siempre pensé que el abuelo era chino, por su ojos achinados, desde muy pequeña cuando jugaba con sus nietos, observaba que cuando llegaba todos pedían la bendición y desde luego que yo lo hacía y así me acostumbré.  Una noche de estas me senté a conversar donde mi madrina; su hija, él estaba ahí con los pies montados en una banca, parecía agotado, entre la conversación me dijo “yo he trabajado mucho pero aún así, no estoy cansado”  me comentaba que de cuentos sabia y los recordaba toditos, hasta cuando nació, de una forma muy sarcástica y con mucho humor en su lenguaje me dijo: yo recuerdo que me parió mi mamá, y me envolvieron con el vestido viejo que mi mamá ya no usaba. Recuerdo también cuando fue mi primera rasca, y que lástima que no fue con miche sino con chimó, me dieron a probar de la pega del chimó, que pa’ los males, tenía dos años, no sé si sea cierto, pero tenía dos años, aunque yo recuerdo es desde los 5 años en adelante”
Hijo de Jesús Rivas Ocanto y Elauteria Santiago oriunda de La Puerta, José Cervelión relata que cuando eran pequeños; sus hermanos y él siempre los “amedrantaban” con algo, cuando tenía 4 años, le hablaban del Coco, un tal Coco que nunca vi – decía -, pero al hachero si lo escuché, donde nosotros vivíamos en Santa Bárbara, de Monte Carmelo para arriba, papá siempre nos contó cosas, papá sabía mucho, en todas partes no enseñaba; él siempre nos contaba cosas.

    La primera pregunta que se me ocurrió hacerle fue… ¿abuelo, en los tiempos de antes habían muchas cosas de encantos?
¡Sin duda! Me respondió que sí, acérquese que le voy a contar me dijo:
Estaba el hachero, la llorona, el encanto, el chiflón. En las noches se escuchaban tres hachazos del espíritu y luego caía el árbol para abajo, el chiflón siempre se escuchaba y uno se tenía que acostar temprano para que no se escuchara más, la llorona se oía que lloraba por allá pero estaba cerca, a los encantos no lo escuchaban solo los que eran malos, porque papá nos decía, y él era bueno, también nos decía que se llevaba a la gente, a mi hermano Sirilo ya se lo llevaba ¡yo recuerdo esa vaina! También el arco ese, que tienes tres colores que sale cuando llueve, ese también se llevaba a la gente: a una viejita de por allá, Ana ya murió, Dios la tenga en la gloria, iba arrancar papas con Félix, Félix llegó a la casa y ella no, se la había llevado el“encanto de las avispas” eso está por allá en lo frio. Cuando eso pasaba, decía papá que tenían que buscar al andulato  el que hablaba con los encantos.
Sin interrupciones, el abuelo Cerve me seguía comentado todas las cosas de antes, él se refería que todo eso fue antes de los años 60, porque después de los 60 todo eso se acabó.

      Me comentó de Isabelita, que era de La Puerta; hija de Rafaelito Artigas y Marta Rondón, prima segunda de él. Isabelita se estuvo tres días encantada y desaparecida, el encanto la agarró en el llanito cuando iba a coger flores, la gente la escuchaba cantando y que gritaba, la escuchaba lejos muy lejos, cuando la encontraron casi que llegaba a la laguna.

    Quedándose pensativo,  y cruzando sus manos como si intentara recordar, me dijo: yo conocí mucho a papá y sus cuentos, mi papá volaba… ¿¡aja volaba!? Le pregunte. Si, Una vez lo metieron preso en el pueblo, y en la noche él llegó a dormir con mi mamá, cuando ya iba amanecer, se fue otra vez a prisión en el pueblo, ¡yo recuerdo!  Nos contó que ya lo agarraban una vez, al que agarraban en el pueblo le ponían en El Cepo, él logró escaparse y se fue a La Puerta.

     Aun así con todos los cuentos de encantos que recordó, su familia y él no dejaron de creer en Dios, el papá sabía muchas oraciones, las cuales aprendió a rezar bastante bien. El abuelo Cerve es Devoto de San Antonio, la Virgen del Rosario de Durí, y el Niño Jesús de la Cuchilla que está en Zea, parte de Mérida y San Cristóbal a la cual me dijo que iría pronto que tiene una promesa que pagar…

    Nacido el 25 de septiembre de 1933 en el tiempo de los trapiches, de pilar café con los bueyes. Donde cultivaban de todo, y bajan al pueblo a comprar el arroz, pescado y la sal. Hijo de agricultores que nos cuenta que la plaga de la nigua es de los pies, los piojos de la cabeza, la carangana del cuerpo y el chinche de las esteras que hacían para dormir. Me comentó que en San Antonio se acabó la plagcuando llegó Pérez Jiménez al poder…


José Cervelión Rivas

miércoles, 20 de julio de 2016

Trébol

     Recordar a tu amigo canino es llenarse de sentimiento, tal vez ha sido el animal que menos lloré, las lágrimas no salieron al enterarme de la noticia, cuide tanto de ti, hasta de tu virginidad. Hasta que por fin fui valiente, enfrenté que fueras a otras casas para que hicieras de tus loqueras de animal... Fueron muchas las garrapatas y las enfermedades que pasamos juntos... Fueron muchas las veces que te oculte bajo mis pies  tras los ruidos de los fuegos artificiales las noches de navidad y fin de año. Recordarte es valorar la belleza de creación con la significación honesta de la mirada de un animal que sólo expresaba sentimiento positivo, su colita recortada moviéndose, dando vuelta sin cesar, mis grandes secretos los guardaste; ahora están en la infinidad del universo.  El atracador de amor. Te nombre Trébol porque te encontré entre miles que veía.


     Trébol Sharli por pasiones ocultas.
    Si fuera cierto lo que decía el  ex presidente  que la gente comía perrarina llenaría el corazón de alegría, ya que pienso que las personas tendrían más humanidad  y respeto tal vez, ¡solo tal vez!  ¡la generación de hoy claro!. Ya no tenerte no me imposibilita querer a otra criatura, porque al perderte enseguida se fue contigo ssuzy, tu hija. Trébol;  en el cielo animal donde estas  te recuerdo, teniendo el pecado grande de llorar un animal imploro por cada canino en la calle que por cuestiones de tiempo no puedo atender, OJALA nevado y su acción pueda hacer lo que no puedo hacer con mi imposibilidad monetaria. Te recuerda la que no fue tu ama, sino tu amiga. Trébol de corazón.