Al
pasear y pensar;
en el silencio,
meditaba; acompañada del viento entre mis cabellos, me daba cuenta de las miles de oportunidades en las que ignoraba;
meditaba; acompañada del viento entre mis cabellos, me daba cuenta de las miles de oportunidades en las que ignoraba;
el
sentir,
tan solo el sentir del viento cuando rosaba mis mejillas ¡Que simple!.
tan solo el sentir del viento cuando rosaba mis mejillas ¡Que simple!.
Estaba
ignorando las sensaciones de sabores, de besos, de saludos y despedidas, estaba
ignorando el placer de dormir sin compañía, el placer de comer con la soledad.
Ignoraba el delicado sabor del orégano en la carne, el paso de la melancolía por mi almohada; donde ésta a su vez me daba las mejores respuestas.
A su paso ignoraba el poder de la lectura; de esas líneas que me han dado tanto.
A su paso ignoraba el poder de la lectura; de esas líneas que me han dado tanto.
Ignoraba
la melodía de cada paso que daba al
caminar, al son de las aventuras tras caminos increíbles, ignoraba la
invisibilidad de aquellas miradas que dicen tanto sin palabras.
Sin precisar;
ignoraba los falsos versos de los hombres sin piedad femenina.
Ignoraba tantas cosas, que sin querer me estaba perdiendo en el mismo punto donde mis pies no andaban.
Sin precisar;
ignoraba los falsos versos de los hombres sin piedad femenina.
Ignoraba tantas cosas, que sin querer me estaba perdiendo en el mismo punto donde mis pies no andaban.
Y
lo peor;
estaba
ignorando el poder de la pluma de grafito que tiene la mujer sonadora; encerrada en el vaivén de sus pasiones.
Noviembre 8 de 2015
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