domingo, 18 de noviembre de 2018

Elementos potenciadores de la historia local.

Detalles de capítulo VI de mi proyecto de investigación en la Universidad de Los Andes -Trujillo, Venezuela


Elementos potenciadores de la historia local

En el transcurrir del tiempo las sociedades en su proceso de producción recogen un caudal de recursos que se heredan en el pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio; hoy día el patrimonio esta intrínsecamente ligado a los desafíos más acuciantes a los que enfrentamos todos los pueblos; los conflictos entre comunidades, los cambios naturales, la educación, la emigración, la urbanización, la marginación por las desigualdades económicas. 
La noción de patrimonio debe entenderse para la cultura y para el desarrollo como el “capital cultural” de las sociedades contemporáneas, a su vez, este, el patrimonio, contribuye a la revaloración de la cultura y de las identidades heredadas de las experiencias de sus antepasados. Es por ello, que la importancia de su conocimiento y valoración “… pueda generar beneficio a los mismos. Pero el ejercicio de la propiedad patrimonial, no dependen sólo de la conciencia, sino de la relación de la misma con la estructura social con la cual forma una unidad…” (Sanoja y Vargas, 2013, p.112). De ahí, el valor del patrimonio cultural, en nuestro caso patrimonio arquitectónico, para el avance y desarrollo de la comunidades donde ellos, se convierte en potenciadores para la sostenibilidad, sabiendo bien, y dependiendo de gran medida de políticas y acciones que garanticen la protección del mismo.
El patrimonio como valor histórico, en el plano de patrimonio arquitectónico, como parte del patrimonio cultural, forma parte del paisaje cultural-artístico de una comunidad, producido por el accionar humano en un territorio previamente establecido, de modo que, se requiere la existencia de una identidad cultural tangible en el medio ambiente que nos rodea. Por lo tanto, Sanoja y Vargas, (2013, p102), plantea que “… los elementos que conforman la herencia cultural se concretan en las expresiones formales de las acciones compartidas por individuos dentro de una sociedad…” este proceso de acciones son posibles mediante interrelaciones, es decir, procesos de acción societaria, de niveles de conocimiento, formas de identificación y de cohesión de los individuos.
En este sentido, Rengifo (1998, p. 30) nos dice que “…la historia patria y la historia regional, conforman del factor  fundamental de la identidad nacional…” nos apunta que la historia nacional se irá manifestando ante nosotros en la medida que vamos escudriñando entre lo complejo y particular de los estudios históricos locales y regionales, ya que estas conforman las memorias e identidades de un país.
Por tal motivo, nos acercamos pues, un poco a la historia chica, a la historia que cada día vivimos pero poco escudriñamos y conocemos, a la aldea  llamada Monte Carmelo. Es así que Barreto (2015) en su discurso de orden en la sesión ante el consejo municipal de Monte Carmelo nos expone:
El hermoso paraje que hoy denominado Monte Carmelo, en estas tierras proliferas, las cuales en tiempo pasados formaron parte de las basta geografía cuica, donde reinaba a plenitud nuestra diosa icaque y en propiedad sagrada de aquellos aguerridos aborígenes llamados escuqueyes, pokóes, moskeyes, moporos, tomoporos o misoas, y en lo adelante, en pleno siglo XVII durante el proceso de conquista y colonización de estos territorios, cuando el español en su desmedido afán por buscar oro, conquistar, subyugar y poblar no escatimó el más mínimo esfuerzo para apoderarse de todos estos contornos, pues fueron los años de encomiendas, misiones, doctrinas y catequesis. (p.4)
Las páginas de nuestra historia hoy nos refieren que estas fértiles tierras de Pocó, Cáus, Buena Vista y Cheregué fueron propiedad del encomendero Antonio Díaz Saldaña, para más tarde, por allá por el año 1675, precisamente en los valles aledaños al río Pocó asistir al surgimiento de una comunidad agrícola llamada San Gerónimo de Chapués, a cargo de Antonio Vásquez de Coronado, a quien otros autores lo refieren como Juan Vásquez de Coronado, quien fuera Teniente Gobernador de la Provincia de Trujillo para el año de 1654. (Briceño Valero 1997).
En principio y por propiedad que en las tierras de este municipio poseyeron los Padre Jesuitas, en 1678, el pueblo se llamó “La Cartuja de la Buena Vida” que fue la denominación de la comarca antes de adoptar el de Monte Carmelo, después de un tiempo, cuando el Pbro. Francisco Antonio Rosario, que viajaba cada año para oficiar misas y ya aperturado el primer libro de bautizos llevó hasta la localidad un hermoso retablo con la imagen de la Virgen del Monte Carmelo, de ahí fue nombrado el pueblo como “El Carmelo”. Con el devenir del tiempo tomó el nombre de Monte Carmelo en el año 1873 cuando fue elevado a parroquia civil. Por su parte, Barreto (2015) señala lo siguiente:
En Trujillo, las denominaciones jurisdiccionales varían de acuerdo con las diferentes Leyes Orgánicas de División Territorial, antes aludimos a Cantones y Parroquias, ahora se denominarán Departamentos y Municipios. Para el año 1873 en pleno gobierno de Antonio Guzmán Blanco, la Asamblea Legislativa del Gran Estado de Los Andes. El cual incluía a Trujillo, reforma la organización político territorial, y en el Departamento Escuque erigen la Parroquia Monte Carmelo. Para el siete de noviembre del referido año 1873 se lleva el primer censo nacional de población y la Parroquia Monte Carmelo arrojó 1.590 habitantes (p. 6)

Para el año 1898 Monte Carmelo recibe los primero inmigrantes italianos provenientes de la isla de Elba. Cardozo (2001)  afirma lo siguiente “… Monte Carmelo había sido fundada durante el gobierno del General Páez por inmigrantes italianos conducidos a esta zona por el geógrafo y militar Agustín Codazzi…” esto es quizás un apunte más de las noticias que se tenían en el centro de país de las fértiles tierras que se encontraba en el occidente del departamento de Trujillo, porque ya para la época se evidencia huellas de la importantísima influencia de Monte Carmelo en cuanto a su económica, basada en la producción agrícola del café, donde proporcionaba para el Distrito Escuque gran cantidad de este rubro.
Sin embargo, con la llegada de los italianos a esta localidad inicia una nueva etapa para Monte Carmelo, este numeroso grupo de agricultores, artesanos, músicos se integraron rápidamente al poblado, uniendo esfuerzo dieron un gran impulso social, cultural y económico a la comunidad expandiendo su producción cafetera y de otros cultivos a gran demanda en los mercados del centro del país. (DOSSIER MUNICIPAL 2006).
Hasta el año 1987 Monte Carmelo estaba adscrito al Distrito Escuque, ya que para 15 de octubre de 1987, la Asamblea Legislativa de Trujillo produce un informe acerca de la nueva conformación geopolítica de estado dándole autonomía municipal. (Hernández Frank, 2018)
Sin olvidar nuestra historia colonial Monte Carmelo sigue fraguada de pinceladas españolas, que han sido heredadas y que ahora con el pasar de los años ameritas de revaloración, ya que son pocas las viviendas que aun guardan los elementos de origen, pero que aún mantienen su toque tradicional que nos invita a identificar con sus inicios.
Por su parte Briceño (1982) nos expone: “… a nosotros nos acontece ver en dicho capricho la manifestación de un retorno espontáneo hacia los símbolos de nuestra verdadera historia […], es nuestro, o quizás lo único nuestro como expresión histórica de un sentimiento artístico y como un testimonio del propio temperamento del creador español…” (p. 188).  Briceño Iragorry hace alusión a las edificaciones que aun sin ser numerosas, representan el valor patrimonial de los españoles, y que debe convertirse en una expresión de herencia histórica de una sociedad.
En este sentido; Monte Carmelo de manera de agente activo configura en su estética urbanística elementos patrimoniales que desea valorar y que asume propio y los que, de manera natural, se han convertido en referente de identidad,  tal es el caso, de la casona heredada por los Anselmi Garbatti, abuelos maternos del maestro Abreu, italianos provenientes de la isla Elba en Italia que se alojaron en la creciente aldea de Monte Carmelo para finales del siglo XIX. Y que ahora alberga al Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Así mismo, el patrimonio y la identidad no son elementos estáticos sino entidades sujetas a permanentes cambios, cambios que fueron muy contantes dado el desarrollo local que tuvo Monte Carmelo para inicios del siglo XX, donde las casas de tapial de diseño español se convirtieron en las oficinas de telecomunicaciones de Venezuela, pasando de telegramas, a correo postales, de igual manera, a estructuras donde eran punto central de encuentro de intercambio comercial, de alojamiento y recuentro familiar, la identidad no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, de lo propio, de lo simbólico, Monte Carmelo representa hoy un punto cultural de alojamiento patrimonial de un eje de su propio desarrollo, y debe convertirse para las futuras generaciones la reconstrucción de testimonios que representen y generen identidades locales para su desarrollo dentro un estado andino colonial como Trujillo. 

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