Elementos potenciadores de
la historia local
En
el transcurrir del tiempo las sociedades en su proceso de producción recogen un
caudal de recursos que se heredan en el pasado, se crean en el presente y se
transmiten a las generaciones futuras para su beneficio; hoy día el patrimonio esta
intrínsecamente ligado a los desafíos más acuciantes a los que enfrentamos
todos los pueblos; los conflictos entre comunidades, los cambios naturales, la
educación, la emigración, la urbanización, la marginación por las desigualdades
económicas.
La
noción de patrimonio debe entenderse para la cultura y para el desarrollo como
el “capital cultural” de las sociedades contemporáneas, a su vez, este, el
patrimonio, contribuye a la revaloración de la cultura y de las identidades
heredadas de las experiencias de sus antepasados. Es por ello, que la importancia
de su conocimiento y valoración “… pueda generar beneficio a los mismos. Pero
el ejercicio de la propiedad patrimonial, no dependen sólo de la conciencia,
sino de la relación de la misma con la estructura social con la cual forma una
unidad…” (Sanoja y Vargas, 2013, p.112). De ahí, el valor del patrimonio
cultural, en nuestro caso patrimonio arquitectónico, para el avance y
desarrollo de la comunidades donde ellos, se convierte en potenciadores para la
sostenibilidad, sabiendo bien, y dependiendo de gran medida de políticas y
acciones que garanticen la protección del mismo.
El
patrimonio como valor histórico, en el plano de patrimonio arquitectónico, como
parte del patrimonio cultural, forma parte del paisaje cultural-artístico de
una comunidad, producido por el accionar humano en un territorio previamente
establecido, de modo que, se requiere la existencia de una identidad cultural
tangible en el medio ambiente que nos rodea. Por lo tanto, Sanoja y Vargas,
(2013, p102), plantea que “… los elementos que conforman la herencia cultural
se concretan en las expresiones formales de las acciones compartidas por
individuos dentro de una sociedad…” este proceso de acciones son posibles
mediante interrelaciones, es decir, procesos de acción societaria, de niveles
de conocimiento, formas de identificación y de cohesión de los individuos.
En
este sentido, Rengifo (1998, p. 30) nos dice que “…la historia patria y la
historia regional, conforman del factor
fundamental de la identidad nacional…” nos apunta que la historia
nacional se irá manifestando ante nosotros en la medida que vamos escudriñando
entre lo complejo y particular de los estudios históricos locales y regionales,
ya que estas conforman las memorias e identidades de un país.
Por
tal motivo, nos acercamos pues, un poco a la historia chica, a la historia que
cada día vivimos pero poco escudriñamos y conocemos, a la aldea llamada Monte Carmelo. Es así que Barreto
(2015) en su discurso de orden en la sesión ante el consejo municipal de Monte
Carmelo nos expone:
El hermoso paraje que hoy denominado Monte Carmelo, en estas tierras
proliferas, las cuales en tiempo pasados formaron parte de las basta geografía
cuica, donde reinaba a plenitud nuestra diosa icaque y en propiedad sagrada de
aquellos aguerridos aborígenes llamados escuqueyes, pokóes, moskeyes, moporos,
tomoporos o misoas, y en lo adelante, en pleno siglo XVII durante el proceso de
conquista y colonización de estos territorios, cuando el español en su
desmedido afán por buscar oro, conquistar, subyugar y poblar no escatimó el más
mínimo esfuerzo para apoderarse de todos estos contornos, pues fueron los años
de encomiendas, misiones, doctrinas y catequesis. (p.4)
Las
páginas de nuestra historia hoy nos refieren que estas fértiles tierras de Pocó,
Cáus, Buena Vista y Cheregué fueron propiedad del encomendero Antonio Díaz
Saldaña, para más tarde, por allá por el año 1675, precisamente en los valles
aledaños al río Pocó asistir al surgimiento de una comunidad agrícola llamada
San Gerónimo de Chapués, a cargo de Antonio Vásquez de Coronado, a quien otros
autores lo refieren como Juan Vásquez de Coronado, quien fuera Teniente
Gobernador de la Provincia de Trujillo para el año de 1654. (Briceño Valero
1997).
En
principio y por propiedad que en las tierras de este municipio poseyeron los
Padre Jesuitas, en 1678, el pueblo se llamó “La Cartuja de la Buena Vida” que
fue la denominación de la comarca antes de adoptar el de Monte Carmelo, después
de un tiempo, cuando el Pbro. Francisco Antonio Rosario, que viajaba cada año
para oficiar misas y ya aperturado el primer libro de bautizos llevó hasta la
localidad un hermoso retablo con la imagen de la Virgen del Monte Carmelo, de
ahí fue nombrado el pueblo como “El Carmelo”. Con el devenir del tiempo tomó el
nombre de Monte Carmelo en el año 1873 cuando fue elevado a parroquia civil.
Por su parte, Barreto (2015) señala lo siguiente:
En Trujillo, las denominaciones jurisdiccionales varían de acuerdo con
las diferentes Leyes Orgánicas de División Territorial, antes aludimos a
Cantones y Parroquias, ahora se denominarán Departamentos y Municipios. Para el
año 1873 en pleno gobierno de Antonio Guzmán Blanco, la Asamblea Legislativa
del Gran Estado de Los Andes. El cual incluía a Trujillo, reforma la
organización político territorial, y en el Departamento Escuque erigen la
Parroquia Monte Carmelo. Para el siete de noviembre del referido año 1873 se
lleva el primer censo nacional de población y la Parroquia Monte Carmelo arrojó
1.590 habitantes (p. 6)
Para
el año 1898 Monte Carmelo recibe los primero inmigrantes italianos provenientes
de la isla de Elba. Cardozo (2001)
afirma lo siguiente “… Monte Carmelo había sido fundada durante el
gobierno del General Páez por inmigrantes italianos conducidos a esta zona por
el geógrafo y militar Agustín Codazzi…” esto es quizás un apunte más de las
noticias que se tenían en el centro de país de las fértiles tierras que se
encontraba en el occidente del departamento de Trujillo, porque ya para la
época se evidencia huellas de la importantísima influencia de Monte Carmelo en
cuanto a su económica, basada en la producción agrícola del café, donde
proporcionaba para el Distrito Escuque gran cantidad de este rubro.
Sin
embargo, con la llegada de los italianos a esta localidad inicia una nueva
etapa para Monte Carmelo, este numeroso grupo de agricultores, artesanos,
músicos se integraron rápidamente al poblado, uniendo esfuerzo dieron un gran
impulso social, cultural y económico a la comunidad expandiendo su producción
cafetera y de otros cultivos a gran demanda en los mercados del centro del
país. (DOSSIER MUNICIPAL 2006).
Hasta
el año 1987 Monte Carmelo estaba adscrito al Distrito Escuque, ya que para 15
de octubre de 1987, la Asamblea Legislativa de Trujillo produce un informe
acerca de la nueva conformación geopolítica de estado dándole autonomía
municipal. (Hernández Frank, 2018)
Sin
olvidar nuestra historia colonial Monte Carmelo sigue fraguada de pinceladas
españolas, que han sido heredadas y que ahora con el pasar de los años ameritas
de revaloración, ya que son pocas las viviendas que aun guardan los elementos
de origen, pero que aún mantienen su toque tradicional que nos invita a
identificar con sus inicios.
Por
su parte Briceño (1982) nos expone: “… a nosotros nos acontece ver en dicho capricho
la manifestación de un retorno espontáneo hacia los símbolos de nuestra
verdadera historia […], es nuestro, o quizás lo único nuestro como expresión
histórica de un sentimiento artístico y como un testimonio del propio
temperamento del creador español…” (p. 188).
Briceño Iragorry hace alusión a las edificaciones que aun sin ser
numerosas, representan el valor patrimonial de los españoles, y que debe convertirse
en una expresión de herencia histórica de una sociedad.
En
este sentido; Monte Carmelo de manera de agente activo configura en su
estética urbanística elementos patrimoniales que desea valorar y que asume
propio y los que, de manera natural, se han convertido en referente de identidad, tal es el caso, de la casona heredada por los
Anselmi
Garbatti, abuelos maternos del maestro Abreu, italianos provenientes de la isla
Elba en Italia que se alojaron en la creciente aldea de Monte Carmelo para
finales del siglo XIX. Y que ahora alberga al Sistema Nacional de Orquestas y
Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Así mismo, el patrimonio y
la identidad no son elementos estáticos sino entidades sujetas a permanentes
cambios, cambios que fueron muy contantes dado el desarrollo local que tuvo
Monte Carmelo para inicios del siglo XX, donde las casas de tapial de diseño
español se convirtieron en las oficinas de telecomunicaciones de Venezuela, pasando
de telegramas, a correo postales, de igual manera, a estructuras donde eran
punto central de encuentro de intercambio comercial, de alojamiento y recuentro
familiar, la identidad no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer
el pasado, de lo propio, de lo simbólico, Monte Carmelo representa hoy un punto
cultural de alojamiento patrimonial de un eje de su propio desarrollo, y debe
convertirse para las futuras generaciones la reconstrucción de testimonios que
representen y generen identidades locales para su desarrollo dentro un estado
andino colonial como Trujillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario